El Club Deportivo Hípico “Los Amigos del Caballo de Lezama” celebra su 25º aniversario
Al frente de este club se encuentra Jane Moloney, una irlandesa del condado de Waterford, cuya vida ha estado permanentemente ligada al mundo ecuestre. Hemos tenido la ocasión de charlar con ella y así conocer el largo camino que ha tenido que recorrer hasta convertirse en el reconocido centro hípico que es hoy en día.
Jane nos cuenta que en Irlanda la relación con los caballos está muy generalizada. De niña ya asistía a la escuela hípica de su localidad, participaba en la caza del zorro a caballo y ya en su juventud comenzó a domar potros. Posteriormente continuó su formación en Dublín con reconocidos profesores de equitación hasta obtener el título de instructora de la British Horse Society.
Hace ya 25 años que se estableció en el molino Olazarre, cuya construcción se remonta al siglo XVI, en la localidad de Lezama (Bizkaia) con idea de compartir su pasión por los caballos con nuestra sociedad. Por entonces la equitación era una práctica minoritaria y los concursos hípicos gozaban de un gran protagonismo, sin embargo su deseo era abrir las puertas de este maravilloso y desconocido mundo a la gente corriente, tal como ocurría en Irlanda, y así lo hizo.


Jane ha demostrado que esta actividad resulta asequible a todos los bolsillos, tanto por el equipo necesario como para su práctica, y que no es necesario tener un caballo propio ni participar en concursos para disfrutar plenamente. De hecho, nos comenta que el club lo frecuentan tanto familias como grupos que quieren hacer algo diferente por un día. Incluso que es normal regalar un paseo o un bono para varias clases en cumpleaños y otras celebraciones. También recalca que no es necesario haber montado antes, puesto que siempre se adapta el paseo o la clase al nivel del jinete. Buena prueba de ello es que hasta personas invidentes han aprendido a montar con ella.
Al preguntarle sobre los beneficios de esta actividad hace hincapié en la mejora de hábitos posturales, coordinación, aumento de la autoestima, contacto con la naturaleza, sensibilidad y aprecio a los animales y, en definitiva, resulta una gran ayuda para conseguir un equilibrio físico y mental. De hecho, además del pupilaje de caballos, hipoterapia, paseos y clases, se organizan colonias en navidad, semana santa y verano, donde los niños aprenden divirtiéndose a aceptar la disciplina, a socializarse y a trabajar en equipo.

Insiste en que adquirir una buena base es fundamental en la práctica de cualquier deporte, pero también le satisface ver cómo los niños llevan al caballo del ronzal, lo cepillan y preparan con toda seguridad y soltura. Por supuesto, que como gran conocedora de este animal reconoce la nobleza y docilidad en todos sus caballos.
Estar al frente de un club hípico con esta filosofía implica una dedicación plena y afrontar muchas adversidades. Esta emprendedora mujer nos desvela sus dos secretos para conseguirlo: el primero es que cada mañana, sin excepción, se encuentra con un montón de caras conocidas y queridas, relinchando, pidiéndole que se active de nuevo; sin olvidar a sus dos fieles canes y varios gatos que forman parte importante de esta gran familia. El segundo secreto es, sin duda, el apoyo de diversas personas que han aparecido en momentos difíciles a lo largo de distintas épocas. Recuerda con especial emoción un fatídico día del año 1996 en que una riada arrastró por completo toda la arena de la pista haciéndola impracticable, hasta el punto de que llegó a pensar en dejarlo todo. Inesperadamente, comenzaron a llegar personas para echarle una mano y recuperar la arena de nuevo hasta reconstruir la pista totalmente. Por eso quiere aprovechar esta ocasión para trasmitir su gratitud por ese gesto tan solidario y desinteresado.
Por último señala que la recompensa a tanto esfuerzo es sobre todo personal, como cuando ve la evolución de los niños al demostrar el sano espíritu deportivo adquirido y que al final se ve reflejado en su comportamiento social. Se complace cuando, en ocasiones, algunos de esos niños vienen a visitar el club de nuevo siendo ya adultos como prueba de que, a pesar del tiempo, conservan buenos recuerdos.
Es seguro que tiene infinidad de anécdotas para contar que nos harían pasar un buen rato, pero sobre todo queremos darle las gracias por su determinación, tesón y dedicación, por brindar con su saber a quien así lo desee, la oportunidad de disfrutar de una faceta más en sus vidas, que sin duda les ayudará a sentirse más felices y a ser mejores personas.
HASTA SIEMPRE & GOOD LUCK JANE!!
Lydia Egea y Kari Rodriguez

Publicado originalmente en Euskal Horse
Filed under: Anecdotas | 3 Comentarios »